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Ganadería regenerativa


Ganadería regenerativa

Ganadería

Marzo 04, 2021 12:46 hrs.
Ganadería Nacional › México Ciudad de México
DANIEL SUÁREZ. NEXOS. › Voces del Campo

n años recientes, la decisión de comer o no comer carne ha estado motivada por una serie de argumentos que tocan temas que van más allá de los aspectos nutritivos de este alimento. A quienes se abstienen porque les estimula saber que así contribuyen a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que genera la producción industrial de ganado, les tenemos buenas noticias: la ganadería sostenible logra regenerar los suelos y puede mitigar factores que contribuyen al cambio climático
La ganadería extensiva, la que trabaja con animales a libre pastoreo y ocupa grandes superficies, es posiblemente la actividad productiva que más ha modificado y devastado los ecosistemas naturales de nuestro país. Actualmente alrededor de 30 millones de cabezas deambulan en una extensión equivalente a más de la mitad del territorio nacional.1 Los animales pastan libremente seleccionando lo que más les gusta, reduciendo así la diversidad vegetal, compactando y ’asfixiando’ los suelos que se erosionan con las lluvias. El alimento disponible para el ganado en los agostaderos generalmente es insuficiente, y se requieren alimentos adicionales que los rancheros están obligados a comprar, como pollinaza y cerdaza –excretas secas y pulverizadas de pollos y cerdos de engorda–, bagazo de caña, subproductos de la industria de tortilla, desechos de galletas y panes; así las cuentas en los bolsillos ya no cuadran. Criar ganado de esta manera resulta un negocio muy poco rentable.

Después del destete, los terneros, que pesan unos 150 kilos, se comercializan a intermediarios que los ponen a pastar en terrenos de ranchos, suplementan su dieta con una gran diversidad de subproductos agroindustriales hasta que los animales alcanzan un peso de entre 200 y 350 kilogramos. Posteriormente son vendidos a grandes empresas que, en gigantescos encierros de hasta 300 000 animales, los engordan y ’terminan’ con algo de forraje, pero principalmente a base de soya, maíz y sorgo.

Estos insumos alimenticios son adquiridos en el mercado internacional, buscando siempre los precios más bajos y sin tomar en consideración los costos ambientales. Generalmente se trata de granos transgénicos cultivados con fertilizantes y pesticidas químicos: soya cultivada en áreas arrebatadas a la selva amazónica en Brasil o maíz proveniente de las vastas planicies de Estados Unidos. Este tipo de dieta basada en granos puede provocar abscesos en el hígado de los animales, y para tratarlos se les suministran antibióticos que cambian el perfil nutricional de la carne y la leche que producen. En teoría, humanos y rumiantes no deberían competir por los alimentos; las vacas –que no evolucionaron comiendo semillas como maíz y soya– deberían comer hierbas y pastos, y ramonear de árboles y arbustos.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la ganadería extensiva es responsable del 14.5 % de los gases de efecto invernadero. Si en este cálculo se incluyeran también las emisiones totales que resultan de la tala de selvas para conquistar nuevos espacios agrícolas y las de toda la cadena de la producción industrial de forraje –como la de la soya transgénica en Brasil y la de los fertilizantes y pesticidas–, el porcentaje sería mucho más elevado. Cabe mencionar que la producción ganadera ocupa cerca del 30 % de la superficie territorial del planeta y 70 % del total de las tierras agrícolas.2 La ganadería extensiva está considerada como la actividad económica que más recursos naturales utiliza en sus procesos, y ha sido una de las principales causantes de la pérdida de la diversidad biológica.

Cultivar pastos y árboles
Es necesario encontrar un nuevo equilibrio en la producción ganadera, ser más responsables con el medio ambiente y sus habitantes, y ser también más productivos y rentables en términos económicos. Los métodos que replantean la crianza de animales tienen distintos nombres: ganadería sostenible, silvopastoril, holística, regenerativa y pastoreo racional Voisin. Existen diferencias entre ellos, pero todos comparten la visión de la preservación del entorno y de incrementar la rentabilidad de la actividad productiva basándose siempre en estimular los procesos naturales.

La ganadería regenerativa pretende ser lo opuesto a la extensiva, es decir, un pastoreo intensivo de altas densidades, con cortos periodos de ocupación y óptimo tiempo de reposo; con altos índices de cosecha y forrajeo de árboles y arbustos, para lograr así la regeneración del suelo. Cuando el ganado pasta por poco tiempo en altas densidades —digamos 200 vacas por hectárea— deja de seleccionar lo que come, simplemente lo devora y corta a fondo las plantas que tiene delante. De esta manera se activa nuevamente el proceso fotosintético de las plantas, que es el sistema más eficiente de fijación de carbono en el suelo. Los ganaderos mueven los hatos de un potrero a otro utilizando cercos eléctricos móviles alimentados por celdas solares, y emplean un sistema de mangueras y bebederos portátiles para garantizar una constante disponibilidad de agua.


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